Meditación


La meditación es una herramienta que sirve para introducirnos en nuestro interior y ver nuestras deficiencias psicológicas, emocionales y físicas. Y, desde el conocimiento de lo que somos en realidad, comenzar el camino de nuestra propia recuperación. Sus beneficios son:
-Relajación física.
-Tranquilidad creciente y capacidad para superar el estrés.
-Desarrollo de la consciencia.
-Fomento de la autocomprensión.
- Desarrollo del pensamiento creativo.
-Desarrollo de la memoria.
-Fomento del desarrollo espiritual.


Según las clásicas definiciones, meditar es aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o conseguirlo. Etimológicamente proviene del latín meditarí, significa reflexionar, pensar en algo, estudiar.

Meditar, meditamos todos de una u otra manera. Aunque no seamos plenamente conscientes de lo que realmente estamos haciendo. Incluso leyendo o estudiando se podría decir que meditamos. La meditación desde la perspectiva de las tradiciones orientales es muy diferente. Entre otras cosas porque lo que se persigue es el silencio y la calma mental.

“Meditar es permanecer en silencio, en una postura cómoda y dejar que los pensamientos fluyan espontáneamente sin interferir en ellos”.

Aparentemente resulta fácil, pero no lo es en absoluto. Es como todo en la vida, requiere práctica y entrenamiento.

¿Para qué sirve meditar?

En primera instancia para equilibrar nuestro cuerpo y, en segunda, para contrarrestar el desgaste al que nos vemos sometidos por el tipo de vida que llevamos. Especialmente los que vivimos en grandes ciudades y estamos sometidos a la tiranía de las prisas, el estrés, el tráfic. A lo largo del día vamos acumulando de tal manera preocupaciones y tensiones que al final de la jornada estamos literalmente agotados. Por raro que pueda parecer el desgaste mental cansa muchísimo más que el físico, por no mencionar también que nos dificulta el sueño y por tanto el merecido descanso.

Otro de nuestros grandes enemigos es el tiempo, mejor dicho, las excusas para justificar nuestra supuesta falta de tiempo. Algunos tienen muy bien aprendida la frase “no tengo tiempo”… Es natural, la oímos desde la mañana a la noche. Por otro lado como no estamos acostumbrados a cuidarnos, la excusa de la falta de tiempo siempre nos va perfecta. O eso decimos. Afortunadamente, ni se necesitan instalaciones especiales ni la práctica diaria requiere mucho tiempo. Se puede meditar en cualquier parte. Aunque, eso sí, lo recomendable es crear un hábito. Y, por descontado, hacerlo en un lugar tranquilo, alejado en lo posible de los ruidos y demás contaminantes sonoros. De todos modos como los beneficios se notan al poco, rápidamente encontramos más tiempo.

¿Cómo meditar?

Lugar, postura, entorno… – Buscar un entorno tranquilo, como ya he dicho, es vital al principio.

Velas, música, incienso… - Exactamente lo mismo, lo que cada cual decida o prefiera. La mayoría de las personas meditamos con los ojos cerrados y no necesitamos de complementos.

¿Cómo se hace?

Cerramos los ojos. Nos acomodamos y comenzamos a inspirar-retener-expirar… lentamente. Una y otra vez, despacio, muy despacio. Siendo plenamente conscientes de que Aquí y Ahora nuestras preocupaciones no están. O, al menos, no deberían estar. Imaginad que las habéis dejado colgadas en el perchero…

Cada vez que os llegue un pensamiento, mentalmente decid: “Ahora no”, y seguid centrados en vuestra respiración. Poco a poco se irán distanciando más y más los pensamientos, serán menos recurrentes. Aún así, si esto no os funciona todo lo bien que deseáis, podéis optar por otros métodos. Como por ejemplo:

  • Apoyar las palmas sobre los muslos y sentir la temperatura
  • Centrarnos en un sonido o en una música que os agrade
  • Enumerar las respiraciones de uno a diez
  • Recitar mentalmente un mantra…

A veces el mero hecho de mirar distraídamente hacia lugares, objetos o personas que son de nuestro interés: nuestra casa, un parque, nuestros hijos, un recuerdo, un sentimiento cariñoso… pueden también brindarnos la quietud mental que tanto necesitamos. A fin de cuentas lo que perseguimos es eso, unos instantes de paz y de armonía.

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